Nacional había ganado el Uruguayo tres años seguidos, sumó el título del Apertura 2003 y el tetra estaba muy cerca. Entonces Peñarol acudió a Chilavert y cortó la racha. Pero para 2004 se fue el paraguayo, y el arco volvió a ser custodiado por Federico Elduayen, tan criticado en los años anteriores. Corría el año 2004 y los errores de este muchacho hicieron que el técnico Diego Aguirre lo dejara en el banco, dándole la titularidad a Juan Obelar. Aquí entra en acción la madre de Elduayen, que acudió a una bruja, y esta señora echó cenizas sobre un par de guantes que luego usaría Obelar, el que competía por el puesto con el hijo de la clienta. El propósito del “trabajo” era perjudicar a Obelar y así favorecer a Elduayen, pero aquella maldición de los guantes se extendió a todos los arqueros que en los años posteriores jugaron en Peñarol.La bruja tuvo éxito inmediato ya que en el primer partido en el que Obelar jugó en sustitución de Elduayen (ante Cerro Porteño por la Copa Sudamericana) le hicieron un gol tan bobo que perdió el puesto en seguida. Volvió Elduayen, pero cometió nuevos errores y rápidamente regresó al banco. Y al final terminó atajando Fernando González.
Poco después, ya con Morena de técnico vuelve Elduayen, pero se “come” un gol de 40 metros que deja al equipo afuera de la Libertadores, ante la Liga de Quito. Y en seguida, afuera Elduayen y otra vez juega Obelar, hasta que a mitad de 2005 Elduayen se va del club.
Pero la maldición seguía.
Llegó Claudio Flores y terminó perdiendo el puesto con Obelar, que aún luchaba contra las cenizas de sus guantes, hasta que lo dejaron libre y se fue a Tacuarembó.
Cuando atajó Castillo, en 2007, pareció que la brujería acababa, aunque sufrió un par de lesiones graves. Y al irse Castillo, a inicios de 2008, empieza lo peor. Peñarol contrató a Damián Frascarelli, que tuvo tan mala suerte que no llegó ni a debutar. “No quiero ni acordarme. Fue en el primer entrenamiento que hicimos en Hong Kong” recuerda el ex arquero aurinegro;; “sentí un ruido en la rodilla y no me pude levantar;; fue horrible, después de todo lo que había luchado para pasar a Peñarol, no lo podía creer”. Rotura de ligamentos y afuera por 6 meses. Entonces había que traer otro arquero, de apuro. Y llegó Nicolás Biglianti, que a los pocos partidos sufrió una fractura en su mano derecha. Con el torneo ya empezado, Saralegui tuvo que poner al juvenil Salgueiro, otro muchacho al que le pasó de todo. Justo cuando llegó la final contra River, Biglianti estaba recuperado y le sacó el puesto a Salgueiro que terminó llorando en el banco de suplentes. Pero Biglianti tampoco anduvo bien, y para la Liguilla jugaron un partido cada uno. Luego Salgueiro se fue a Juventud y Biglianti quedó de suplente del argentino Pablo Cavallero, quien perdió el puesto cuando llegó Ribas y decidió poner a Sebastián Sosa.El final de la historia confirma que el arco de Peñarol sigue embrujado desde el año 2004: Sosa se lesionó en el partido previo al clásico;; entró Gonzalo Noguera y se lesionó durante el clásico;; entró Cavallero y lo expulsaron al partido siguiente;; y terminó atajando Fernando González.
Creen en Los Aromos que hasta que la misma bruja no “limpie” los guantes, el arco permanecerá embrujado, y Peñarol seguirá sin salir campeón.












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